domingo, 30 de marzo de 2008

JOSE MENDOZA

José Mendoza, de 70 años de edad, jubilado, canoso, alto y enjuto, había enviudado quedando completamente solo en su antiguo caserón de dos pisos.
Sus hijos ya casados, que le habían dado varios nietos, pudieron acompañarlo sólo algunos días después del funeral en breves turnos que se impusieron.
Después sufrió depresiones, angustias y otros síntomas que soportó con estoicismo de la edad..

Algunos meses después, entre sus oraciones a Dios, comenzó a encender una vela frente a la foto de su única compañera: Mirella. No era hombre creyente, pero esta práctica lo hacía sentir más cercano al espíritu de ella.

Una llamada de su cuñada y el marido anunciando visitarlo, lo hicieron aceptar con mucho desgano. Ellos comentaron lo usual en este tipo de ocasiones, agregándole que como lo notaban más delgado, más silencioso y desanimado, era conveniente que consultara a un especialista.

Semanas después y rebelándose a lo sugerido, comenzó a conversarle a la foto de su señora que colgaba en su dormitorio. Allí mismo también colgaban los cuadros de sus padres.
_ Mirella ¿por qué no te cuidaste mucho antes, a tiempo? …si hubieras visto a los médicos…
_ José. Te veo descuidado en tu persona. Aliméntate bien. Yo estoy atenta a que no sufras de más. Sale a visitar a tus hijos, a tus nietos y tus hermanas.
_ Mi amor, te extraño mucho y seguiré amándote hasta que arriba nos juntemos de nuevo.
_ José, no puedo seguir conversándote porque en mi nueva residencia, también tenemos
actividades que ejecutar. Ahora me están llamando. Chao mi cielo.
_ Mirella, no me dejes… Mirella, …
Luego de enjugarse los ojos, con gran frustración, el viejo se puso de pié, para ir al jardín.

Días más adelante, el viudo comenzaba sus conversaciones nuevamente.
_ Mamá, papá ¿uds. han visto a Mirella?
_ No hijo, respondió la madre. No siempre nos envían al mismo lugar, por eso no la hemos visto.
_ Pero Uds. están en el cielo. ¿Pueden preguntar por Mirella a un ángel que esté de turno?
_ No sabemos con certeza si estamos en el cielo, José. Estamos en un lugar muy agradable.
Nosotros tenemos actividades ahora. No podemos seguir conversando.
_Mamá, mamá… no me dejen

José terminó llorando de emoción, alegría, pero estas conversaciones sobrenaturales lo hacían sentir más cercanas sus pérdidas. Después le llegaban energías y un vigor suficiente para alimentarse, afeitarse, hacer aseo y regar. Casi no salía, excepto para comprar comida.

La vida de José comenzó a cambiar desde el día en que se comunicó por vez primera.
Sus depresiones casi desaparecieron, el abandono en que se encontraba también. Comenzó a dar paseos por su barrio, saludando a quienes encontraba, porque andaba animoso.

_Mirella, mamá, papá, les prendí una vela a cada uno frente a sus cuadros para ver si podemos conversar.
_ José, te habla Mirella. Me da gusto verte mejor. Estás más contento y eso me alegra mucho.
_ Mireya, hace dos días que te estoy hablando y no me respondes ¿qué te ocurría?
_ Bueno… no se cómo decirte, pero aquí no podemos mentir. Yo no estoy aún en el cielo.
Vine al purgatorio y estaré un tiempo hasta que pague los pecados cometidos en mi vida.
_ ¡Pero, que injusto! Tu siempre fuiste una buena persona con todo el mundo, hiciste obras de caridad, fuiste a comulgar todos los domingos, querías a ricos y pobres, amabas a tus hijos, me trataste como nadie en mi vida. ¿Por qué el purgatorio y no el cielo que te merecías?
_José, me están llamando a mis actividades. Recuerda, aquí tenemos labores que hacer.
_ Mirella, ¿por qué siempre tuviste la mala costumbre de dejarme hablando solo?

Algunos días después, frente a las velas encendidas, nuevamente José rogando hacer contacto con alguien del más allá, suplica
_Papá, mamá, Mirella, hay alguien que me escuche.
_Te habla Mirella, José. Te veo cada día mejor. Más entusiasmado con tu vida, más optimista…
_¡No me cambies de tema Mirella! Dime ¿porqué no fuiste al cielo si eras la mujer perfecta?
_José, cuando estabas trabajando, algunas veces salí con otros hombres sin que te enteraras.
Fue por el aborto de uno que me enamoré, que jamás te mencioné.
_ Mirella, yo no puedo creer lo que estás diciendo. Eso es falso, porque tú eras una buena mujer.
_José, yo te hice creer que era buenísima, pero me pasaron la cuenta, también por mentirosa.
_ Entonces bien muerta estás, quédate allí 10 millones de años por degenerada. …y no te prendo una vela más. Tampoco sigamos conversando porque no me interesa.


WIRIYO

8.12.2007

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